Redes sociales, quiero ser tu amigo

Las redes sociales se han convertido en el fenómeno más "caliente" en la red. Las cifras lo confirman. En España, hay 13 millones de usuarios de redes sociales. Tuenti es la mayor red social española con más de 5 millones de usuarios, Facebook ha crecido un 1.174% en nuestro país, Myspace cuenta con 170.000 bandas de música españolas y 7 millones en todo el mundo, Twitter es la red social que más crece en el mundo (un 1.400% en un año), durante la campaña electoral, más de 120.000 personas seguían los comentarios de Obama en Twitter, hay 100 millones de blogs en todo el mundo...

En el reportaje especial "Redes sociales, quiero ser tu amigo", los reporteros de Noticias Cuatro nos acercan a este fenómeno que está cambiando la forma de relacionarse y de comunicarse: explicaremos en qué consiste una red social recurriendo a los seis grados de separación que bastan para conectar a una persona con cualquier otra en una red social, nos acercaremos al perfil juvenil de los usuarios más frecuentes de estas redes -y encontraremos a la joven española con más amigos, 193.000-.

Mostraremos otras utilidades de las redes sociales, desde recuperar viejos amigos de la escuela a reunir a aficionados singulares (como un grupo de punto de cruz en Barcelona) o conectar un pequeño pueblo de Almería con el mundo (en Abla, 1.500 habitantes, hay 70 usuarios de Facebook y 40 blogs), mostraremos el cambio radical que ha supuesto una red social como Myspace en el mundo de la música, veremos cómo las redes sociales se están utilizando en la escuela y como están influyendo en la información y en la política (sobre todo en EEUU como prueba la elección de Obama).....

En el minuto 19 más o menos sale “Abla” el pueblo en almeria!!!! Dicen que han creado una red social propia y hacen un reportaje en el bar del pueblo, salen las calles y entrevistan a gente!!!

http://www.documaniatv.com/tecnologia/redes-sociales-quiero-ser-tu-amigo-video_08849b9d6.html

Eratóstenes

RAMON FOLCH

Eratóstenes era persona de vastas inquietudes. Nacido en 276 aC. en Cirene, floreciente colonia griega situada en la actual Libia, se interesaba por la historia, la astronomía, la filosofía, la geografía, la literatura y las matemáticas. Eran tiempos de conocimiento normal incipiente, de modo que las mentes privilegiadas, y la de Eratóstenes lo era, pronto lo sabían todo de cuanto se sabía. El enciclopedismo resultaba obligado en cualquier espíritu curioso.
Hacia 230, Ptolemeo III Evergetes, faraón de la dinastía griega que se apoderó de Egipto tras la muerte de Alejandro Magno, encomendó a Eratóstenes la dirección de la Biblioteca de Alejandría, creada por Ptolemeo I medio siglo antes. Estimulado por las observaciones astronómicas custodiadas en la biblioteca, Eratóstenes concluyó que la Tierra era esférica y calculó sus dimensiones, con sorprendente exactitud, experimentalmente (sombras proyectadas a mediodía, en Alejandría y Asuán, el día del solsticio de verano).
La biblioteca ya tenía entonces casi medio millón de volúmenes, acervo bibliográfico sin precedentes, y más habida cuenta de que muchos eran traducciones al griego hechas en la propia Alejandría a partir de originales que los Ptolemeos pedían a los soberanos y eruditos del mundo conocido. Llegó a poseer 700.000 volúmenes, pero sufrió varias destrucciones, la última en 391, ordenada por el patriarca monofisita Teófilo, que de paso permitió el linchamiento del último titular de la biblioteca, la famosa Hipatia.

Ariana
La tendencia a destruir la cultura en nombre de una u otra fe goza de una sólida tradición. Los documentos que escaparon a los fundamentalistas cristianos fueron destruidos o dispersados en 642 al apoderarse los musulmanes de la ciudad. Se dice que el califa Omar el Grande sentenció: «Si concuerdan con el Corán, son superfluos; si discrepan, hay que eliminarlos». Entre las huestes de Julio César, que incendiaron parte de la biblioteca en 48 aC., los fundamentalistas de Teófilo y los fanáticos de Omar, amén guerras varias y algún terremoto, los 700.000 volúmenes acabaron desapareciendo.
Todavía hoy pasan cosas así. Otro Omar, Mohammad Omar, el tristemente famoso mulá Omar, lanzó a sus estudiantes, o sea los talibanes (talib significa estudiante en pastún) contra cualquier cosa superflua o contraria al Corán, o sea casi todo. La obtusa ignorancia talibana redujo Afganistán a una cárcel doblada de desierto cultural. Entre otras barbaridades, dinamitaron los budas gigantes de Bamiyán, del siglo V –ya bastante maltrechos por fanáticos islámicos en el siglo XII– y trataron de destruir los archivos cinematográficos de Afgan Films, la biblioteca de la memoria local. El espléndido documental Los ojos de Ariana, del valenciano Ricardo Macián, recoge tales hechos.

Eratóstenes denominó Ariana, país de los arios, a las tierras situadas entre el río Indo y el mar Caspio. Hoy, más o menos, son Afganistán. Por eso los ojos de Ariana son las películas y los vídeos sobre este atormentado país. Como el fundamentalismo renace a cada generación, precisamos Eratóstenes, Hipatias y, por qué no, Macianes. «Podéis quemarlo todo, pero la hierba crecerá de nuevo», dice en la película una niña dirigiéndose a los fundamentalistas. Y es que las bibliotecas, en el fondo, son indestructibles.

El Periódico 2-8-09

Nike SB - Today Was a Good Day - Extended Version

Today was a good day, tributo publicitario por parte de Nike Skateboarding a la emblemática canción de Ice Cube; protagonizado por Paul Rodriguez, y apariciones casuales de Erick Koston, Kobe Bryant y por supuesto Ice Cube, aún si no te interesa el skateboarding seguro te parece interesante.

Sobre ética, derecho y política

La ética valora los actos humanos como buenos o malos y permitidos o prohibidos, según el único principio moral de validez universal no metafísico: que el interés general ha de prevalecer sobre el interés particular. La ética abarca, por tanto, la totalidad de la conducta humana: toda es mensurable éticamente. El derecho, por el contrario, tiene un ámbito mucho más restringido: el derecho es el mínimo de ética imprescindible para que todos podamos vivir en sociedad; un mínimo que puede imponerse coactivamente. El juicio ético, por consiguiente, se mantiene en el terreno de las ideas, sin que pueda ejecutarse obligatoriamente en caso de no ser aceptado voluntariamente, a diferencia del pronunciamiento jurídico, que sí puede ser ejecutado coactivamente, de lo que resulta que no hay derecho sin una violencia legítima que lo imponga.
Así las cosas, es evidente que un pronunciamiento judicial absolutorio exime al encausado de responsabilidad jurídica –penal, civil o administrativa–, pero no le libera de responsabilidad moral. De ahí que una resolución judicial pueda exonerar a un político de una condena o, incluso, de someterse a juicio, pero en modo alguno puede disolver las sospechas de que haya incurrido en una conducta que, si bien no es contraria a derecho, si infringe los mandatos de la ética. Puede seguirse pensando, por ejemplo, que ha mentido y que ha sobrepasado los limites que la moral pública permite, por lo que procederá exigirle –ya que no responsabilidades jurídicas– sí responsabilidades políticas.
Ahora bien, la exigencia de responsabilidad política es imposible, sino contraproducente, cuando la paja en el ojo ajeno es denunciada por quien no la ve en el ojo propio. En este caso, la escrupulosa e impostada exigencia de responsabilidades, acompañada de filtraciones y parafernalia mediática, es otro brutal atentado a la ética perpetrado por aquellos que suelen mostrarse a la opinión pública como sus más ardientes defensores. Siempre se presume de lo que más se carece, suele decirse en castellano; «sempre seràs emmascarat per una paella bruta», se afirma en catalán. Pues eso.

JUAN-JOSÉ López Burniol
9-8-08 El Periódico

Sobre Camps y los trajes.

Carl Sagan 4 dimensiones. Limitaciones del pensamiento

¿Como saber si un par de senos son naturales? pues al estilo Playboy

Reingreso de los propulsores del transbordador Atlantis a la Tierra

Despegue y ascenso de rutina del transbordador Atlantis hacia la estación espacial internacional y el vertiginoso reingreso a la tierra de los los motores propulsores desde un punto de vista poco común, a través de la atmósfera y hasta el océanoso. Son reutilizables y de combustible sólido. El tanque auxiliar, de color marrón, permanece unido al transbordador proporcionando alimentación a los tres motores del propio transbordador. Se separa más tarde y cae, y éste sí se desintegra en la atmósfera. El transbordador volverá con un aterrizaje sobre una pista como si fuese un avion u/o planeador.

Belleza intolerable

Serie de fotografías de Chris Jordan que se llama “Belleza intolerable: retratos del consumo en masa americano”. Las fotografías son singularmente hermosas, el dilema y activismo del arte llegan cuando se reflexiona acerca de las consecuencias e impacto ambiental que conlleva un estilo de vida tan americano y tan poco sostenible.

http://matadorchange.com/intolerable-beauty-chris-jordan-photographs-american-mass-consumption/

"I'm Fat and Nobody Likes Me"- Chair

Realidad o protector de pantalla

El siguiente es un vídeo del acuario de Kuroshio, Japón, es el segundo mas grande del mundo. El tanque principal llamado “Mar de Kuroshio” contiene 7.500 metros cúbicos de agua (1.981.290 galones) y tiene el segundo panel de cristal acrílico mas grande del mundo, de 8.2 x 22.5 metros y un espesor de 60 centímetros. Tiburones ballena y manta-rayas son mantenidos aquí junto a otro gran numero de especies.

La canción que suena en el vídeo es “Please don’t go” de Barcelona, y el vídeo fue grabado con una Canon 5DMKII.

Kuroshio Sea - 2nd largest aquarium tank in the world - (song is Please don't go by Barcelona) from Jon Rawlinson on Vimeo.

Alarm

Alarm from Meteorix007 on Vimeo.

ginza neon night rain

Tecnoloogía y la industria del porno

Simona Halep reducirá el tamaño de sus senos para jugar mejor

Aunque no hay confirmación oficial, La Gazzetta dello Sport asegura que la joven rumana ya ha pasado por el quirófano. Su intención de operarse porque el tamaño de su pecho le suponía un problema a la hora de jugar despertó todo un movimiento en las redes sociales de Internet para solicitar que reconsiderara su postura.





Evapotranspiración

RAMON FOLCH

Las plantas transpiran. Funcionan en circuito abierto. Tanta agua evaporan las hojas, tanta agua es aspirada del suelo por depresión, como hace una jeringa. Los nutrientes disueltos se quedan en las hojas, junto con una fracción del agua sorbida. Es un sistema de transportar agua y nutrientes del suelo a las hojas eficaz, pero poco eficiente, ya que la mayor parte del agua bombeada acaba evaporándose.
Se precisa un metro cúbico de agua, o sea 1.000 litros, para que una planta genere, de media, cuatro kilos de biomasa. Más o menos, la mitad de esos cuatro kilos es agua, o sea que solo dos de cada 1.000 litros sorbidos se convierten en materia vegetal. De ahí que un kilo de pan, que viene a ser un kilo de harina, que viene a ser un kilo de trigo, suponga un consumo de más de un metro cúbico de agua (para hacer la espiga, pero también la paja del resto de la planta).
La producción de alimentos demanda mucha agua. Tras la ingesta diaria de una persona hay unos 400 litros de agua agronómica. No hay forma de reducir es cantidad, porque la fisiología vegetal es la que es. Y a una tal transpiración biológica hay que añadir la evaporación física del agua del suelo. El conjunto constituye la evapotranspiración de campos y bosques. Cuando hablamos de ahorrar agua, no nos referimos a eso.

Regadío
La lluvia aporta el agua a los secanos; es un programa de mínimos que anda solo. La huerta y los cultivos regados disponen, además, de la irrigación; ahí podemos afinar la eficiencia de las aportaciones. No lo hacemos en grado suficiente y por eso gastamos tanta agua regando. La mayoría de nuestros sistemas de regadío son antiguos e ineficientes. Se basan en canales y acequias a cielo abierto (evaporación y pérdidas en el transporte) que aportan a los campos agua rodada, como si les llegara un riachuelo. Los regantes suelen tener derecho a unos cuantos días de acceso al agua, sea cual sea el cultivo. Disponen de mucha agua durante poco tiempo. No pueden sino dejarla entrar y correr. Más de la mitad se pierde por el camino, se evapora o se infiltra en el suelo.
Es una manera primitiva de regar. Si al campo llegaran tuberías con contadores, el agricultor abriera el grifo solo cuando lo necesitara y pudiera mandar al campo el agua justa para compensar la evapotranspiración, sería enorme el ahorro y óptimo el rendimiento agronómico. Se regaría a presión (goteo o aspersión) y saldrían las cuentas hídricas. También se reduciría la contaminación difusa causada por los agroquímicos que ahora arrastra el exceso de agua infiltrada. Pero para lograrlo habría que modernizar a fondo las estructuras de regadío.

Más de un siglo
El Canal d’Urgell ya tiene más de 150 años. El Canal d’Aragó i Catalunya –que, por cierto, supone un trasvase de aguas de la cuenca del Ésera a la del Segre...– también pasa del siglo. Su explotación responde a los criterios hidrológicos del primer día. Hay que cambiarlos. Los regantes solos no pueden hacerlo (de quererlo, que deberían). Si se hiciera la transformación, 600 hectómetros cúbicos o más de agua derrochada actualmente en Catalunya quedarían disponibles. Las depuradoras siguen vertiendo otros 650. Ahora que entra en servicio el canal Segarra-Garrigues, ¿aprenderemos de una vez a mirarnos el agua globalmente?

Asalto a la Luna

Si la conmemoración de un aniversario sirve para algo es para añadir comprensión popular al acontecimiento que recuerda. Pocas efemérides necesitan mayor comprensión pública que la llegada del hombre a la Luna, el 20 de julio de 1969. Explicaré por qué.

Toda esta historia en realidad comienza el 4 de octubre de 1957, en el contexto glacial de la Guerra Fría, cuando la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial de la historia, el Sputnik. Este hecho acabó dando lugar a la carrera espacial, es decir, a la confrontación pacífica entre la Unión Soviética y Estados Unidos por mostrar la supremacía de sus respectivos modelos de sociedad a través de los logros en el campo de la astronáutica.

La histérica reacción de la sociedad estadounidense ante el Sputnik (medios de comunicación, la mayoría de los políticos y, como consecuencia, la opinión pública) colocó en primer plano del debate la necesidad de responder al “desafío” soviético. Aunque el presidente norteamericano, un veterano Eisenhower, supo reaccionar con la cabeza fría, de alguna manera se vio arrastrado por el estado de opinión de su país, y a él debemos la creación de la agencia protagonista de esta historia, la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, mucho más conocida por sus siglas en inglés: NASA.

Pero fue su sucesor en la Casa Blanca, el malogrado y sobrevalorado John F. Kennedy, quien realmente recogió el guante lanzado por los soviéticos, cuando, en un famoso discurso, el 25 de mayo de 1961, estableció la meta de la carrera en una misión: llevar a los primeros astronautas a la Luna y devolverlos sanos y salvos a la Tierra. 

Kennedy utilizó el tema espacial para sus propios intereses políticos. Primero durante la famosa campaña electoral de 1960 contra Nixon (la más disputada de la historia del país hasta la primera elección de Bush hijo) y posteriormente cuando estableció el objetivo, pensado para desviar la atención de otros problemas que le acuciaban.

Los primeros años de la carrera contemplaron una espectacular sucesión de éxitos del programa espacial soviético, de la mano de Sergei Pavlovich Korolev, el ingeniero jefe. Así, lograron poner al primer animal en el espacio (la perra Laika), al primer hombre en el espacio (Gagarin), dos hombres a la vez (Nikolayev y Popovich), la primera mujer (Tereshkova), los primeros tres hombres (Komarov, Feoktistov y Yegorov) y dar el primer paseo espacial (Leonov), por citar sólo algunos de los hitos de los orígenes de la carrera espacial. Todo ello tuvo lugar entre noviembre de 1957 y marzo de 1965. O, dicho de otro modo, la edad de oro de la cosmonáutica soviética.

Esta sucesión de primicias creó un estado de opinión en Estados Unidos que llevó a invertir grandes sumas de dinero (sobre todo a partir del citado discurso de Kennedy) en el programa espacial estadounidense, bajo el liderazgo de la NASA y con la inestimable ayuda de Wernher von Braun, el padre del primer misil de la historia (V-2), que tras la derrota de Alemania en la II Guerra Mundial había sido trasladado por el ejército norteamericano a Estados Unidos para aprovechar sus conocimientos y liderazgo.

El programa espacial americano, a diferencia del soviético (centrado en la espectacularidad propagandística), seguía una lógica que conducía hacia el objetivo marcado por Kennedy, es decir, ser los primeros en pisar la Luna.

Se establecieron sucesivamente los programas espaciales Mercury y Gemini, que pretendían resolver los problemas iniciales de los viajes al espacio: poner un hombre en órbita, probar el seguimiento y control de las naves, estudiar los efectos de una permanencia prolongada en el espacio (como la falta de gravedad), realizar maniobras y acoplamientos de dos naves, llevar a cabo paseos espaciales (actividades extravehiculares, en la jerga de la NASA), etcétera.

Con el programa Gemini, Estados Unidos superó a la URSS en la carrera, un liderazgo que ya no abandonaría hasta el final de la misma. Ese adelantamiento se puede fechar en 1965.

El programa 'Apollo'

Pero la pieza que faltaba para lograr el objetivo lunar era un tercer programa, el más importante, caro y arriesgado: Apollo. Un programa que comenzó con una tragedia, puesto que, durante unas pruebas rutinarias en tierra (enero de 1967), murieron los tres tripulantes de la que iba a ser una primera misión. Las tres primeras víctimas del programa espacial americano y las únicas en mucho tiempo.

Sin embargo, tras las rectificaciones oportunas, el Apollo 7 (octubre de 1968) fue la primera misión tripulada del programa. A partir de entonces, y en el plazo de nueve meses, se sucedieron otras cuatro misiones, incluyendo la que llevaría a los primeros hombres a nuestro satélite. Apollo 8 fue quizá la misión más emblemática hasta la llegada del hombre a la Luna, puesto que permitió a sus tripulantes dar la vuelta al satélite, contemplar su cara oculta y fotografiar nuestro planeta por primera vez. Una imagen que aún hoy impresiona y que marcó un hito en la conciencia ecológica de la humanidad, quizá porque nos hizo comprender la fragilidad de la vida en la Tierra, una pequeña pelota azulada en la inmensidad del espacio.

Para llegar a la Luna, además de cantidades ingentes de dólares (que fluyeron casi sin restricciones hasta muy avanzada la carrera) se necesitaron algunos otros elementos.

En primer lugar, un vehículo adecuado, en este caso el cohete Saturn V, desarrollado por el genio de la ingeniería Von Braun. Ese cohete sigue siendo, aún hoy, el más potente construido por el hombre. Sus magnitudes son apabullantes: 111 metros, incluyendo la nave espacial; 2.900 toneladas de peso en el momento del lanzamiento y cinco motores en su primera etapa, que consumían más de 8.000 litros por segundo. Se construyeron 30 unidades, con una fiabilidad del 100%, puesto que todos funcionaron sin accidentes graves.

Otro asunto que la NASA tuvo que resolver y cuya solución se mostró esquiva fue el método para llegar a la Luna. Tras muchos debates, se llegó a la solución del “encuentro y acoplamiento en órbita lunar”. Por decirlo de forma sencilla, consistía en enviar a nuestro satélite dos vehículos acoplados que se separarían en su órbita, descendiendo uno de ellos hasta la superficie, mientras el otro continuaba dando vueltas. Una vez cumplida esa parte de la misión, ese mismo habitáculo volvería a la órbita, se acoplaría a la nave nodriza y se separaría de la anterior. La resolución del método era fundamental para el diseño y planificación de gran parte del viaje. La carrera espacial, y la llegada del hombre a la Luna, no se entenderían, como es lógico, sin el factor humano. Es decir, aunque gran parte de lo descubierto con la llegada de hombres a la Luna se podía lograr con máquinas (sondas espaciales), era el glamour de ver a un semejante a 400.000 kilómetros de la Tierra lo que permitió dedicar ingentes recursos a la aventura.

Dura selección

La selección de los primeros astronautas, y de sus sucesivas promociones, fue otro de los factores básicos de esta historia. Los siete primeros, elegidos para el programa Mercury, se convirtieron en héroes nacionales incluso antes de volar por primera vez. Fueron sometidos al entrenamiento más severo conocido hasta entonces, e incluso hay quien dice que las exhaustivas pruebas médicas que tuvieron que padecer respondían en parte a cierta faceta sádica de los médicos que las diseñaron, puesto que no todas eran estrictamente necesarias.

El viaje en sí, aquel que llevaría a Armstrong, Aldrin y Collins a nuestro satélite a bordo del Apollo 11, comenzó en medio de una inusitada expectación (más de un millón de personas se reunieron en el sur de Florida para contemplar el lanzamiento) el 16 de julio de 1969. Toda la misión funcionó tal y como había sido planificada, prácticamente sin ningún incidente. Lanzamiento, inserción en órbita terrestre, encendido de los motores para la trayectoria hacia la Luna y maniobra de colocación del módulo lunar en la posición prevista para el viaje. Tras tres días de viaje, inserción en órbita lunar, transferencia de Armstrong y Aldrin al módulo lunar, separación de éste y comienzo de la maniobra de alunizaje.

Fue durante esta fase del viaje cuando se produjeron los mayores problemas de la misión: el encendido de un piloto de alerta, que luego se descubrió que indicaba una sobrecarga de información del ordenador de a bordo, y la posibilidad de agotar el combustible del vehículo en la búsqueda de un lugar de alunizaje adecuado. Poca cosa para semejante aventura.

Una vez en la Luna, y tras las comprobaciones de rigor, Armstrong sale con su voluminoso traje espacial (unidad de movilidad extravehicular, en la jerga de la NASA) y, tras bajar la escalerilla, del módulo lunar a paso de tortuga, pone el pie en la Luna. En realidad, en ese momento habría podido volver a subir la escalera y regresar a la Tierra, porque el objetivo se había cumplido. Sin embargo, una vez allí estaban previstas una serie de acciones que se cumplieron escrupulosamente: toma de muestras de rocas lunares, experimento para capturar viento solar, etcétera. Y, sobre todo, algo tan anacrónico y fuera de lugar, pero también tan previsible e inevitable, como plantar la bandera de las barras y estrellas. Para ayudarle también se sumó a ese paseo su compañero en el módulo lunar, Edwin Aldrin.

Cumplida la misión en la Luna, comienza el viaje de vuelta. Regreso al módulo lunar, despegue del mismo, viaje hasta la órbita en la que esperaba Collins, acoplamiento de ambas naves, transferencia al módulo de mando y desacoplamiento del módulo lunar, que acabó estrellándose contra la superficie del satélite. A partir de ahí, otros tres días para volver a casa y la gloria eterna de los tres pasajeros. 

Tras esta misión histórica, y dentro del programa Apollo, hubo otras seis, desde el Apollo 12 al 17, que llevaron a otros 10 hombres a la superficie lunar, entre noviembre de 1969 y diciembre de 1972, pero cuyo interés popular decayó notoriamente. Solamente el accidente del Apollo 13 y su milagrosa resolución volvieron a captar la atención pública. A mi juicio, ésta fue la misión más exitosa de todo el programa (y quizá de toda la era espacial) puesto que, a pesar de las múltiples dificultades que tuvieron que enfrentar los pasajeros, éstos pudieron regresar sanos y salvos a la Tierra, contra todo pronóstico. 

Hasta aquí la historia, contada de la manera más sintética posible. La cuestión ahora es la valoración del fenómeno, algo que ha demostrado ser más esquivo que el viaje en sí, y ya es decir.

Sin duda, los 12 años que van del primer Sputnik al Apollo 11 representan la edad de oro de la astronáutica y su condición de carrera propició un avance exponencial de nuestros conocimientos sobre el mundo que nos rodea. Aparejado a la era espacial vino el desarrollo de los satélites artificiales, sin los cuales nuestra vida sería irreconocible (piense un momento en todo lo que depende de los satélites para su vida cotidiana y se sorprenderá). Sin embargo, se puede afirmar sin riesgo a equivocarse que casi todo lo que aportó la presencia humana en el espacio se podía haber conseguido sin ella, con máquinas (tal y como ha demostrado la exploración espacial tras el programa Apollo). Nuestros semejantes sólo eran necesarios más allá de la atmósfera para conseguir un respaldo entusiasta de la opinión pública que, a su vez, aflojara los bolsillos de los legisladores estadounidenses.

Y la llegada del hombre a la Luna ha generado otro curioso fenómeno que la conmemoración del aniversario debería servir para desacreditar de una vez por todas: el escepticismo o el descreimiento total sobre tal acontecimiento. Todos hemos oído historias que atribuyen a Hollywood el rodaje en un estudio de las imágenes que contemplaron en directo casi 600 millones de personas. Incluso se dedican a dar razones peregrinas y fácilmente rebatibles sobre por qué fue un montaje. No tengo suficiente espacio aquí para explicar la sinrazón de sus acusaciones, pero pueden encontrar sus acusaciones y la refutación de las mismas en mi libro La carrera espacial. Del Sputnik al Apollo 11. 

Finalmente, me sumo con entusiasmo a la afirmación de un crítico del programa espacial americano de los años 60 (Gerard J. De Groot), cuando dice: “Lo que la era espacial ha demostrado es justamente lo difícil que es ir a alguna parte en el espacio. En lugar de expandir los horizontes del hombre, expuso sus límites”. Esta es la verdadera lección de aquellos años y de aquella misión histórica que ahora conmemoramos.

RICARDO ARTOLA
El Periódico 19-7-09

State of the Blogosphere / 2008

http://technorati.com/blogging/state-of-the-blogosphere/

Encerrados con un solo juguete

¿Qué ocurre? ¿Acaso anda suelto un virus político antiespañolista peor que el de la gripe A? No. Lo que todos estos casos ilustran es el síndrome de los partidos monotemáticos, de las organizaciones vertebradas en torno a una sola idea, a un único asunto, que fácilmente deviene obsesión. Tales grupos suelen atraer a numerosas personas que se sienten poseedoras de la verdad e investidas de una misión; por tanto, reacias al debate abierto y a la flexibilidad estratégica o táctica, y proclives al dogmatismo y a las soluciones disciplinarias, si está en su mano aplicarlas. Cuando, además, esas plataformas o partidos conocen alguna forma de éxito, éste da pie a borracheras de protagonismo mediático (pensemos en el caso Alcaraz) que dejan luego una durísima resaca. En definitiva, son como los niños encerrados con un solo juguete: que terminan por romperlo.

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

El País 17/7/09

Encerrados con un solo juguete

¿Qué ocurre? ¿Acaso anda suelto un virus político antiespañolista peor que el de la gripe A? No. Lo que todos estos casos ilustran es el síndrome de los partidos monotemáticos, de las organizaciones vertebradas en torno a una sola idea, a un único asunto, que fácilmente deviene obsesión. Tales grupos suelen atraer a numerosas personas que se sienten poseedoras de la verdad e investidas de una misión; por tanto, reacias al debate abierto y a la flexibilidad estratégica o táctica, y proclives al dogmatismo y a las soluciones disciplinarias, si está en su mano aplicarlas. Cuando, además, esas plataformas o partidos conocen alguna forma de éxito, éste da pie a borracheras de protagonismo mediático (pensemos en el caso Alcaraz) que dejan luego una durísima resaca. En definitiva, son como los niños encerrados con un solo juguete: que terminan por romperlo.

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

Tráfico mundial de aviones

El tráfico mundial de aviones ha tenido un crecimiento espectacular y constante durante años a pesar de la crisis económica y de los accidentes. A veces, es difícil constatar la gran magnitud de este tráfico visto desde el suelo. Por eso en el siguiente vídeo de algo más de un minuto y representando cada avión en vuelo mediante un punto amarillo en cualquier parte y a lo largo de las 24 horas de un día natural, se comprueba su trascendencia. Se forman verdaderas nubes amarillas en algunas zonas como Europa y América del Norte y se describen los puentes aéreos entre continentes y sus cambios de sentido segun las horas.